Paisajes nocturnos de Cristina Fontsaré

En los últimos años, las cámaras fílmicas y fotográficas han desplazado sus objetivos desde los centros urbanos hacia las áreas suburbiales. El cineasta Todd Solonz y el fotógrafo Gregory Crewdson son quizás los exponentes más significativos de esta tendencia que descubre en las zonas residenciales el germen de los traumas contemporáneos. En estos reductos idílicos lindantes con la naturaleza afloran miedos endémicos y deseos incumplidos que el ajetreo metropolitano mantenía silenciados. Crewdson opone a la fotografía instantánea una puesta en escena que simula un fotograma, con lo que refuerza la influencia del imaginario cinematográfico en la construcción de estos sentimientos de desarraigo y frustración.

Cristina Fontsaré no es ajena ni a este tipo de fotografía interesada por la estética escenográfica ni al análisis del potencial psíquico de esos territorios situados en el umbral entre lo natural y el artificio. Pero Cristina se separa de esta tendencia americana en primer lugar por la intervención de lo autobiográfico. Sus series fotográficas nocturnas retratan lugares familiares para la artista, cercanos a su casa o por los que transitaba a diario. A primera vista lo personal parece ausente, pero cuando revisitamos esas imágenes nos damos cuenta que es precisamente esa ausencia lo que delata una presencia siempre latente. A diferencia de las fotos de transeúntes noctámbulos que Philip-Lorca Di Corcia rescata del anonimato y el bullicio bañando sus rostros con halos luz eléctrica, los retratados por Fontsaré no nos hacen sentir voyeurs de una realidad ajena. La artista no trata de individualizar a esos adolescentes; más bien adquieren la inconsistencia de un flash mental. El mismo tratamiento recibe la arquitectura de extrarradio: gasolineras, letreros, piscinas, casas aisladas y polideportivos adquieren tintes espectrales. Como dólmenes postindustriales, su rígida geometría se recorta sobre un cielo azul cobalto, y saturados de luz parecen irradiar los últimos destellos antes de fundirse en la nada.

En estas series (desde Visiones nocturnas a Protect me) acontece cierta desposesión de la realidad inmediata, y en este proceso de extrañamiento la artista abraza otra realidad, huidiza en tanto que está más lejos pero también más cerca, donde lo fáctico, lo recordado y lo deseado son inextricables.

Ya Ballard presagió la inquietante belleza de estas zonas arqueológicas del futuro, cuyo vacío sólo puede ser repoblado por fantasmas interiores. Pero no son fantasmagorías siniestras lo que vemos en las fotos de Cristina sino el fruto de una pausada introspección.

La exposicion Protect me puede verse en el DA2 de Salamanca hasta octubre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s