Jonathan Brown, artista polivalente

Es difícil no evocar la figura de Joseph Cornell al pasear entre los cajones reciclados de Jonathan Brown, cobijando antiguallas con las que crea sugerentes asociaciones. Como hiciera Cornell, encuentra en los rastros su materia prima para componer narrativas que activan la nostalgia. El mismo principio aplica a sus collages de recortes de cuentos ilustrados y sus films realizados con material en Super8, pero en Jonathan prevalece una mirada analítica y socarrona, en ocasiones perversa, pues sus fuentes van desde Henry Darger hasta iconos mediáticos de los setenta, que subvierte con humor.

Jonathan Brown también es músico. “Dusty Stray” es su grupo. Aquí os dejamos un videoclip de Arturo Bastón para el tema “Henry’s Room”, homenaje al artista outsider Henry Darger. Imagen, texto y música en subyugante armonía.

Toño Camuñas y otros pastiches transculturales, arte sin ataduras

El bestiario medieval revive en las pinturas de Toño Camuñas pero en lugar de atormentar a un santo que se resiste a pecar, los diablillos cuentan con la complicidad de bellas pin-ups de los años cincuenta o geishas que se dejan manosear por crápulas despellejados. Toño recupera carteles vintage, recubre los sensuales cuerpos con tatuajes de calaveras, símbolos ocultistas y parafernalia de tribu urbana. Cada pintura es un cóctel que hace explosionar todo dualismo: placer y dolor, bondad y malicia, atracción-repulsión, alta y baja cultura. En esta mescolanza de amor, humor y muerte se revela su permeabilidad a un sentido tragicómico de la vida típicamente mexicano, su país de adopción que curiosamente ha parido una alma gemela, el Dr. Lakra.

Como el artista oaxaqueño cuyo seudónimo es ya una declaración de intenciones, doctor de lo execrable, también Camuñas adopta una actitud provocadora con su humor lisérgico y sus metáforas zoomorfas a favor de la vagancia y el malditismo.

También Rubén Bonet agrega tatuajes a las imágenes devocionales. Fundador y único miembro del Laboratorio Situacionista Ambulante (LSD) y de la Fundación Adopte un Escritor, la misma irrevercia adopta en su arte plástico. Tomemos los diseños psicodélicos del arte huichol, inspirados en visiones producidas bajo los efectos del peyote, sustituyamos el repertorio chamánico de estos indígenas mexicanos por parafernalia cristiana, incluyamos a políticos y celebridades en el santoral católico, predispongámonos a ver un derivado del art brut, y obtendremos algunas variantes de los acrílicos de Rubén.

Proezas alquímicas de Rai Escalé y Milos Koptak

beach ghostPensemos en aquellas parodias sociopolíticas en forma de fábulas en las que científicos demiurgos como el doctor Moreau (H.G. Wells) o el cirujano Preobrazhensky (Mijail Bulgakov) injertan en inocentes animales partes corporales humanas. En la novela de Wells, las bestias son privadas de su parte instintiva inoculándoseles valores morales. En Corazón de perro, un delincuente borracho y ruin revive en el cuerpo de un perro bonachón. En ambos casos, el monstruo aflora por la imposición de valores ajenos a la propia naturaleza. Bulgakov construye una magnífica sátira del sistema estalinista que le tocó vivir, caricaturizando por igual al burgués ultraconservador y al “hombre nuevo” soviético.

Los personajes de Rai Escalé también parecen hechos de injertos de varias especies, y sirven asimismo a fines paródicos. Lo humano se bestializa y la armonía del reino animal se quiebra por la irrupción de un sadismo que sólo del hombre puede derivar. En sus collages, vivisecciona los cuerpos de modelos que ilustran las revistas de moda, sacando a la luz el lado monstruoso de la cultura cool. En cambio, en su catálogo de Freaks trata con ternura aquellos que encarnan el reverso de esa felicidad artificial, como Solomon y Tummler en Gummo (Harmony Corinne). Pero como en la literatura de Bulgakov, una mordaz ironía mantiene lo trágico soterrado a modo de corriente subterránea que humedece la superficie sin invadirla.

La mezcla de ternura e insania que Rai rescata del espíritu humanmemento Morio pervive y evoluciona por nuevos derroteros desde que encontró en Milos Koptak un compañero de viaje para recorrer las ruinas del vacío emocional. Juntos crearon una nueva personalidad artística a la que llaman Miroir Noir. Nos cuentan que entre los pintores barrocos era costumbre posar la mirada en un espejo negro tras una jornada de trabajo. Rai y Milos adoptan simbólicamente ese hábito para cuajar en ese tamiz negro miedos y anhelos compartidos, una especie de crisol alquímico donde ir fraguando nuevos impulsos creativos.

Igual de negruzcas son las tradiciones que les inspiran: el barroco español más tremendista junto a las leyendas vampíricas de origen eslavo, Franco y Stalin, la literatura alucinatoria de Meyrink y las pesadillas kafkianas.

sagrada familiaMiroir Noir hereda esa potestad onírico-expresionista para rasgar los velos de la falsedad: con guiños a los retratos velazqueños, a las pinturas negras de Goya, a historias escabrosas de época zarista…, el dúo de artistas trata de recuperar los claroscuros perdidos con el exceso de transparencia del exhibicionismo espectacular. Contando con ese acervo analizan el carácter extemporáneo de la corrupción, de la idolatría, de las costumbres y símbolos culturales. La iconografía religiosa tampoco escapa a sus disecciones: vírgenes y santos de estampillas devocionales corren similar suerte que las citadas modelos de las revistas satinadas. Pero la inocencia subsiste en los retratos de deficientes mentales, realizados sobre fotografías encontradas en un instituto psiquiátrico: personas que como los niños de Gummo mantienen la pureza de sus instintos, pulverizan sin rebeldía los límites que imponen la moral o el decoro.