Nico Nubiola, imaginería devocional renovada

Escultor y escenógrafo, Nico Nubiola domina con virtuosismo la madera. Su catálogo de caníbales, onanistas, putas, moteros y orientales desamparadas renuevan la imaginería de las tallas medievales y barrocas pero conservan ese pathos conmovedor que ha expresado a lo largo de los siglos la vulnerabilidad humana.

Cuando alude sesgadamente a personajes bíblicos los despoja de toda aura sacra. Así, la historia mítica de Onán es evocada  representando a un hombre hecho un ovillo dentro de una lata metálica. En el acto de la masturbación adquiere la apariencia de un uróboros humano, enroscado en un ciclo eterno de deseos insatisfechos. Por su parte, San Valentín pierde todo halo romántico en su transcripción laica.

Onan enllaunat

Las figuras yacientes, en escorzo, en posición fetal o tullidas tienden a encerrarse en sí mismo, como si hubieran perdido la capacidad de relacionarse con el otro y con el mundo.

Jonathan Brown, artista polivalente

Es difícil no evocar la figura de Joseph Cornell al pasear entre los cajones reciclados de Jonathan Brown, cobijando antiguallas con las que crea sugerentes asociaciones. Como hiciera Cornell, encuentra en los rastros su materia prima para componer narrativas que activan la nostalgia. El mismo principio aplica a sus collages de recortes de cuentos ilustrados y sus films realizados con material en Super8, pero en Jonathan prevalece una mirada analítica y socarrona, en ocasiones perversa, pues sus fuentes van desde Henry Darger hasta iconos mediáticos de los setenta, que subvierte con humor.

Jonathan Brown también es músico. “Dusty Stray” es su grupo. Aquí os dejamos un videoclip de Arturo Bastón para el tema “Henry’s Room”, homenaje al artista outsider Henry Darger. Imagen, texto y música en subyugante armonía.

Anarquismo creativo

Los artistas pueden practicar la insumisión sin ser sancionados ni tener que recluirse en una cabaña como hizo Henry David Thoreau. Gozan de un estado de excepción para filtrarse subrepticiamente en las grietas de la legalidad. Como decía el autor de La desobediencia civil, es lícito actuar de acuerdo con la propia naturaleza y con sentido práctico: “los métodos que el Estado facilita para remediar el mal […] exigen demasiado tiempo y la vida de un hombre es limitada”.

Jaula de oroNuria Güell es una artista guerrillera que con singular ingenio desmantela e incluso obstaculiza las estrategias especuladoras del sistema financiero y político. Su proyecto más reciente, Intervención (2012), vino motivado por los escandalosos desahucios que están sufriendo los ciudadanos españoles. De nuevo “agujerea la realidad”, como ella dice, para emular el proceder de los bancos y del gobierno a fin de poner en jaque la absoluta inmunidad con que ejercen su poder coercitivo.

Otro artista que ha aprovechado con espíritu beligerante la inmunidad diplomática que le otorga su profesión es Joaquín Segura. Estrellar una botella contra la cabeza de un transeúnte o tratar de quitarle sus Doc Martens pueden no ser simples actos vandálicos. Joaquín agitó el gallinero artístico con videos de este calibre, en los que ponía a prueba la ética institucional al aceptar mostrar la violencia como arte al tiempo que ironizaba sobre la fragilidad de los símbolos identitarios. De espíritu anarquista, pone en jaque con cáusticos souvenirs tanto a ídolos del arte (Cuauhtémoc Medina como Buda de la Suerte) como a la estética del terror fundamentalista sublimada por los media (un separatista vasco encapuchado bailando en una caja de música). El suyo es un nihilismo activo: al leer entre líneas la historia reciente, hurga en el porqué del fracaso de toda empresa humana. Esa poética del colapso se expone con madura sutileza en su última muestra individual, A brief history of breakdown.

Avelino Sala, en cambio, es un idealista. Cree en la fuerza colectiva y lo expresa con metáforas de atrincheramiento (BlockHouse) y resistencia poética (véase el proyecto de “des-oxidación” con Coca-Cola). Esta cámara de vigilancia es de mármol de Carrara. En cada una de sus proyectos, Avelino urde un complejo entramado en el que la historia local, la memoria colectiva y los conflictos del presente nos atrapan en un tiempo cíclico. En Carrara, las connotaciones artísticas, políticas e imperialistas del mármol se tiñen de sangre a través de la historia del movimiento anarquista local enlazada con las recientes represiones de revueltas urbanas. Los antidisturbios en acción devienen insignias extemporáneas del despotismo.

Hacia un público individualizado

El intercambio de misivas entre artista, comisario y público potencial empieza a ser usual en las exposiciones de arte. Ese carteo forma parte de un work in progress, como en el caso del último proyecto de Mireia c. Saladrigues, “Benvinguts. Tenim la mateixa hora”, que se inaugura mañana en la galería dels Àngels de Barcelona. Mireia entiende que la audiencia como masa indivisa y anónima, y la obra como objeto acabado son nociones caducas. Urge al visitante de la exposición a que analice sus propios parámetros y expectativas ante la recepción de una pieza que sólo tomará cuerpo para él cuando se supedite a este auto-examen. El marco artístico participa del mismo engranaje que controla audiencias y produce significados en todos los ámbitos. Si en esa pequeña parcela dejamos de ser peones, quizás en otras facetas también dejemos de claudicar ante los roles prefijados.

Alex Reynolds adopta una estrategia similar al idear performances personalizados, piezas sonoras para dos oyentes, tramas que se hilvanan en tiempo real y en las que el espectador deja de serlo cuando acepta las reglas de juego: irrumpir en la intimidad de una invidente, aceptar que un alter ego lleve una vida paralela a la nuestra…Pero así como a Mireia le interesa desmitificar roles sociales y cuestionar la autoridad, Alex explora las paradojas de nuestro comportamiento en situaciones comprometidas: cuando violamos el espacio privado del otro suele producirse cierto extrañamiento, pero continuamente algo nos impele a hacerlo. En sus proyectos, caracteres ficticios toman cuerpo real a la par que nuestra cotidianidad se torna irreal. La identidad se construye a través de la mirada del otro.

Dime lo que haces y te diré quién eres

La balanza que equilibra nuestra personalidad entre la profesión que ejercemos y lo que realmente somos se inclina cada vez más hacia el primero. Utilizamos las redes sociales para asegurar nuestro anclaje como profesionales de un sector, y nuestra identidad real (asentada sobre un mundo relacional mucho más cercano) se difumina ante la imperiosa necesidad de ir tejiendo esa trama de influencias.

Mireia c. Saladrigues dedicó uno de sus proyectos a una vigilante de la Fundación Miró de Barcelona. Le pidió a Montserrat Saló que escribiera un libro sobre su experiencia como celadora. Una vez editado, los ejemplares de ese diario personal fueron custodiados por ella misma en la sala donde ejercía de guarda jurado. En esta situación Montserrat debió enfrentarse a sentimientos encontrados, porque el ejercicio de sus funciones se veía constantemente interrumpido por el impulso de comunicar a los visitantes la autoría de ese libro que se exhibía sobre una peana.

En un proyecto más reciente, presentado en Onomatopee, Saladrigues retoma la figura de Montserrat. En esta ocasión, la artista disecciona los gestos de la autoridad en una institución museística, personificada en una celadora. La exposición colectiva, Who told you so, trataba de confrontar las diferentes capas que definen nuestra identidad: lo personal, lo familiar, lo laboral… Montserrat, en este contexto, reprime lo personal incluso en sus ademanes, que se convierten en lenguaje de señas robotizado.

En el documental Lo que tú dices que soy, Virginia García del Pino introduce otro aspecto de ese encorsetamiento profesional al centrarse en oficios proscritos. Refleja la hipocresía social que nos lleva a repudiar los trabajos que nos dan de comer (matarife, cuidador de cerdos), que nos evitan la visión de la podredumbre (enterradores), que sacian nuestra libido (stripper) o que evidencian la precariedad laboral (Encarna se autodenomina “parada intermitente”). Paralelamente, estas personas asumen con aplomo el rechazo que despiertan, y en su lucidez subrayan el absurdo de los prejuicios:

Lo que tú dices que soy

Virginia García del Pino, documentando lo inenarrable

Virginia García Del Pino encontró el modo de sacar provecho de la metralla de imágenes melodramáticas que vomitan los media, y de la cultura del zapping que cuartea nuestra capacidad de razonar. En algunos de sus films, al introducir un desajuste entre imagen y palabra elude lecturas literales, subvierte los efectos catatónicos de la cultura visual introduciendo una poética sutilmente crítica con el status quo.

En otras ocasiones ahonda en situaciones vitales logrando derrocar las barreras que las personas suelen erigir ante una cámara. Logra que hablen con naturalidad sobre sí mismas, incluso cuando se trata de exteriorizar su estado emocional ante la proximidad de la muerte. En Espacio simétrico, dos personas van a hacer un viaje sin retorno:

Espacio simétrico

Toño Camuñas y otros pastiches transculturales, arte sin ataduras

El bestiario medieval revive en las pinturas de Toño Camuñas pero en lugar de atormentar a un santo que se resiste a pecar, los diablillos cuentan con la complicidad de bellas pin-ups de los años cincuenta o geishas que se dejan manosear por crápulas despellejados. Toño recupera carteles vintage, recubre los sensuales cuerpos con tatuajes de calaveras, símbolos ocultistas y parafernalia de tribu urbana. Cada pintura es un cóctel que hace explosionar todo dualismo: placer y dolor, bondad y malicia, atracción-repulsión, alta y baja cultura. En esta mescolanza de amor, humor y muerte se revela su permeabilidad a un sentido tragicómico de la vida típicamente mexicano, su país de adopción que curiosamente ha parido una alma gemela, el Dr. Lakra.

Como el artista oaxaqueño cuyo seudónimo es ya una declaración de intenciones, doctor de lo execrable, también Camuñas adopta una actitud provocadora con su humor lisérgico y sus metáforas zoomorfas a favor de la vagancia y el malditismo.

También Rubén Bonet agrega tatuajes a las imágenes devocionales. Fundador y único miembro del Laboratorio Situacionista Ambulante (LSD) y de la Fundación Adopte un Escritor, la misma irrevercia adopta en su arte plástico. Tomemos los diseños psicodélicos del arte huichol, inspirados en visiones producidas bajo los efectos del peyote, sustituyamos el repertorio chamánico de estos indígenas mexicanos por parafernalia cristiana, incluyamos a políticos y celebridades en el santoral católico, predispongámonos a ver un derivado del art brut, y obtendremos algunas variantes de los acrílicos de Rubén.