José Begega, el ser como performer

Ya en las primeras líneas de Madre noche, Kurt Vonnegut revela la moraleja de su novela: “somos lo que aparentamos ser, por lo que debemos tener cuidado con lo que aparentamos ser”. Así resume Howard Campbell, el protagonista, el desatino de su vida bajo el régimen nazi, siendo locutor de radio de arengas propagandísticas y al mismo tiempo espía, sacrificándose como cordero vestido con piel de lobo.

La parábola de Vonnegut acerca de la naturaleza esquizofrénica del ser social es aplicable a cualquier momento histórico, más allá de los periodos de guerra en que el miedo acentúa esa identidad dual o múltiple. Precisamente, las redes sociales favorecen el carácter proteico de la identidad al tiempo que encasillan cada uno de esos avatares en departamentos estancos, en arquetipos cada vez más desnaturalizados. Astroboi, alter ego de José Begega, nació para hacernos reflexionar sobre el progresivo deterioro del yo natural a partir de la proliferación de identidades artificiales que procuran la cultura de la imagen y los prejuicios sociales. El yo original acaba siendo una identidad subalterna del yo mediático. Este último, en el trabajo de Begega, ha tomado forma de actor porno, filósofo especializado en temas de género, artista emergente… Ese despliegue de personalidades puede rastrearse en Internet (vemos uno de sus perfiles en Facebook, otro en páginas de películas gay, su vertiente intelectual con críticas de cine…), y también en el mundo físico, cuando impartió conferencias en las que ironizaba sobre los parámetros de la masculinidad.

Esta confusión entre realidad y ficción vivida en primera persona nos recuerda el proyecto pionero de Lynn Hershman Leeson, cuando se transformó en Roberta Breitmore durante un periodo de cuatro años. Dotó a su alter ego de una identidad completa, desde tarjetas de crédito hasta un apartamento propio, psicoanalista y todo tipo de efectos personales. Los recuerdos y la personalidad fueron construyéndose de modo natural. La vida real y la simulada llegaron a imbricarse hasta la indistinción. Suscitó cuestiones que con la revolución digital se han convertido en lugar común: ¿cuántas experiencias deben acumularse en una segunda vida para que ésta acabe remplazando la vida real? ¿Pueden vivirse ambas sintiéndose como propias?

Estas cuestiones siguen vigentes en Astroboi, pero para Begega las dudas existeastrohipnosisnciales son inseparables de la sátira social, un componente crítico que va intensificándose en los últimos años. En las obras anteriores ironizó sobre la facilidad con la que caemos en encorsetamientos cuando paradójicamente lo que buscamos es ser diferentes. En las últimas propuestas sigue apropiándose del imaginario del anime japonés y de los cómics de superhéroes, pero para reinterpretar aspectos apocalípticos a la vez que absurdos de la historia reciente. Identidades falsas, personajes fílmicos y figuras históricas intercambian sus papeles favoreciendo lecturas paralelas de una misma realidad. En otras ocasiones ensaya ucronías, como cuando imagina la historia de los “deportes Queer”.

Los delirios que atenazan a los personajes de Vonnegut, que oscilan entre la apatía y la obsesión enfermiza, surgen de la sensación de irrealidad que genera verse inmerso en un conflicto bélico. Begega plantea interrogantes sobre lo que ocurre cuando esos delirios ya no son producto de un estado de excepción.

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